Marrakech Overview

Marrakech Overview

¡¿Cómo explicar Marrakech?!

Aunque estuvimos solo dos días y tres noches, fue suficiente para formarme una opinión sobre la ciudad más loca y desordenada en la que he estado.

Llegamos el 5 de enero cuando ya estaba oscuro y llovía. Nos vino a buscar el guía que nos iba a llevar al Sahara para llevarnos a nuestro Riad. Mi primera impresión fue, qué desastre, qué difícil manejar acá!! Mientras ibamos por la calle se paraban los taxis en la mitad de la calle, tipo carretera, para recoger pasajeros que se dirigían a estos sin cuidado por los autos que venían detrás. Las calles no tenían las líneas para separar las pistas, y si las había, nadie las respetaba. Los scooters, la gente en bicicleta y la gente en burro, o “taxi bereber” se cruzaban en la calle sin cuidado y por donde fuese. Los autos adelantaban a las motitos como fuera. Los pasos peatonales nadie los respetaba porque si lo hacían, las posibilidades de que el conductor de atrás se les incrustara eran altas. En resumen: Para transportarse, cada uno hace lo que se le dé la gana, cada uno llega a su destinación como puede.

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Siendo una chancha nuestro primer riad, el Dar Asdika me encantó desde un comienzo, gracias al de bienvenida que nos dio Hannane, junto con las galletitas tipo dulces árabes. Little did I know que el té de bienvenida lo daban en absolutamente TODAS partes y no era LA GRAN cosa. Igual, nunca dejó de gustarme y ser un plus para cada lugar al que ibamos, sin duda el exceso de azúcar ayudaba a que la mezcla de té verde y hojas de menta fuera adictivo. Eso y el famoso jugo de naranja junto al panqueque de desayuno terminaron de contentar a mi estómago y por ende, a mí.

Además, mi facinación por los paisajes sketchies, o turbios y pasadizos angostos y una idealización del mundo árabe hicieron que este riad me gustará aún más. Las dos fotos siguientes muestran el pasadizo por el que teníamos que pasar para llegar al riad; la primera de la noche que llegamos, y la segunda del día siguiente.

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 Hammam, Queen of Dar AsdikaIMG_4087

Las escaleras angostas y oscuras para llegar a nuestra pieza eran una introducción al mundo en que nos meteríamos en nuestra pieza y al ambiente típico que encontramos en Marrakech. La pieza llena de mantas ralladas y de colores era todo lo que podía esperar de un lugar Marroquí.
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 El baño, con la cortina que se usaba de puerta, y el precioso lava manos le daban el toque marroquí que no dejaba de encantarme y de espantar a la Antuancita 

Al día siguiente, partimos temprano rumbo al Sahara, dejando atrás esta ciudad que tanto me intrigaba. Después de 5 días en el Sahara volvimos a Marrakech, y por fin pude vivir este lugar de día, algo que ansiaba como una niña de 5 años ansía la navidad.

Llegamos como a la 1 en un auto que nos dejó afuera de una de las miles de callecitas/pasajes dentro de la medina (ciudad amurallada). Es común que para llegar a tu hotel o riad, tengas que caminar porque los autos no caben por las calles estrechas. Para llegar a nuestro nuevo riad, Palais des Princesses teníamos que caminar como 10 minutos por una calle angosta llena de comerciantes y tiendas, con una muchedumbre que caminaba para llegar a destinos como la Plaza o quién sabe dónde. Sorprendentemente, el sonido de bocinas de gente en scooters que pretendía pasar por ese pasillo enano lleno de gente, abundaba. Pronto, me dí cuenta de que las motos y bicis pasaban todo el rato por ese laberinto y que uno tenía que estar alerta para que no te atropellaran!

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Aunque me esperaba mucho acoso por parte de los vendedores, por todo lo que me habían contado y que había escuchado, me sorprendí al darme cuenta que no te perseguían TANTO para venderte cosas. Quizás aquí te perseguían menos que en Estambul para venderte sus productos.

Y bueno, finalmente llegamos a otro pasadizo que nos llevaba a nuestro hotel.

IMG_5000 IMG_5001Estos caminos nos llevaron a la entrada del Princess, que como la mayoría de las construcciones árabes (aparentemente), tenía una entrada poco prometedora pero que escondía a dentro un lujo.

Aprendí, gracias a la Antuancita, que los árabes hacen las entradas de sus propiedades pequeñas y poco llamadoras para no causar celos por lo que hay dentro.

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Es impresionante el lujo que se puede encontrar escondido entre las calles con tanta pobreza. Caminando por Marrakech uno puede ver contrastes terribles. En la calle por la que caminábamos para llegar al hotel, por ejemplo, podías encontrar un restaurant como el Dar es Salaam, carísimo, y a 5 pasos de este ver a una mujer con sus dos hijos sentada, pidiendo dinero y durmiendo ahí mismo en la noche. Podías encontrar riads de 5 estrellas mientras que a la salida basura por todas partes y gente pidiendo monedas.

Nuestro primer paseo fue a la Plaza Jamaa el Fna que quedaba a unos 5 minutos del riad (a pie), realmente un zoológico dónde cada loco con su tema. Para llegar teníamos que irnos por la callecita angosta poblada de tiendas, obviamente parando en muchas a ver lo que ofrecían. Aunque no te acosan si simplemente vas caminando, si preguntas por un precio o entras a su tienda, te meten conversa como de dónde eres, y tratan de que no te vayas sin comprar.  Al llegar a la plaza te encuentras con otra gran muchedumbre, mientras más tarde vayas, más gente va a haber.

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En la plaza te puedes encontrar con una gran variedad de opciones para comer, desde restaurantes caros hasta carritos donde venden caracoles a 5 dirhams (50 centavos europeos). Los carritos donde venden el típico jugo de naranja (aunque también tienen de otras frutas como pomelo y granada) están por todas partes, cada uno tiene su número y los dueños te hablan desde su puesto para que te acuerdes de ellos y cuando decidas comprar un jugo vayas a su puesto, recordándote que su puesto es el #__. Mientras que en Chile un jugo de naranja te puede salir más de 2000 CLP (+-3 euros) en la plaza te sale 4 dirhams (40 centavos euro, o un poco más de 300 pesos chilenos!). Es impresionante lo barato que te pueden salir las cosas!

Con la Antuancita probé por primera vez caracoles, cosa que nunca creí que fuera a hacer, y sin creerlo, me fascinaron!! Aunque daba mucho nervio y pena por lo tiernos que son, los comimos y disfrutamos.

Para entender un poco lo que es la plaza es necesario ver fotos:

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REALMENTE UNA JUNGLA, una mezcla de gente de todas partes, vendedores y simplemente cada uno vivía en su propio mundo. En la plaza las mujeres son las que más molestan, se acercan a ti y te agarran la mano preguntándote de dónde eres y si quieres  un tatuaje de henna. Si les dices que no quieres, ponen un tono de enojo y dicen “pero sabes que es…” te trataban de convencer como podían. Y aunque yo me reusé a hacerme uno, en un punto una me agarró la mano con fuerza sin dejarme irme y me dijo “un regalito, gratis” y empezó a pintarme. Yo le decía que no quería y que se me había terminado la plata (era verdad) y cuando terminó me dijo “2 euros, 2 euros,” pensando WTF le di el último euro que me quedaba “shataelushar.” Horrible el tatuaje.

Está lleno de hombres con monitos vestidos de forma patética para que la gente les saque fotos y tengan que pagar, los dueños también pueden agarrarte y subirte el mono encima para convencerte que les pagues. También hay serpientes que la primera vez que las vi pensé que estaban muertas. Los dueños están sentados detrás de ellas tocando música como locos desesperados. “Take a picture, take a picture” es lo único que saben decir. Lo único que busca la mayoría de los vendedores es sacarte alguna moneda, por ejemplo estaba sacándole una foto a una tienda y el señor viene y me dice “no photos, that brings me no money.”

Lo entretenido de hacer shopping en Marrakech es que las cosas no tienen precio a pesar de lo que te diga el dueño, en Marrakech lo que manda es el regateo. La mayoría de las cosas que compré las compré a 1/4 del precio que me habían dicho en un comienzo. Una técnica que funciona también es ofrecerles un precio muy bajo, ellos tratan de negociarte un poco más y si te vas, cuando ya caminaste por 30 segundos te gritan “okay, okay” y te lo venden al precio que les dijiste. Es muy común que se hagan los que no te van a vender algo al precio que tú les diste por ningún motivo, cuando al final terminan haciéndolo.

La gente de la calle estrecha por la que llegábamos al hotel era en general muy simpática. Por ejemplo, este hombre carismático que tenía su tienda y me invitó a conversar con él porque tenía un pañuelo puesto que le encantó porque era de Merzouga (pueblo berebere) y él era un berebere. Me pedía que le sacara fotos y cada vez que pasaba por ahí me saludaba muy feliz y me pedía más fotos!

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También otro que me pidió que le sacara una foto en la noche y que después cuando nos alejamos me gritó para preguntarme si tenía novio jaja.

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Y estos dos músicos que te hacían feliz con su cara.

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El primer día no encontrábamos nuestra calle cuando volvíamos de la plaza, y todos muy simpaticos nos indicaron dónde era. Cada vez que salíamos y volvíamos nos decían que nuestro riad quedaba por tal calle, preocupados de que no nos perdieramos de nuevo. Al final todos sabían cual era nuestro riad, y hasta cuando no queríamos ir para allá nos decían que estaba donde estaba jaja.

De noche, Marrakech es otra cosa, las calles estrechas se vuelven oscuras y puede dar un poco de miedo. A mi me parecía horriblemente hermoso. La plaza se llena aún más de gente.

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Para terminar, dejé lo mejor para el final: La comida.

El mejor tajine (comida típica de Marruecos) que comí fue en un restaurant que se llamaba Dar es Salaam, este venía con couscous, cordero, verduras y cebolla. Una esquisitez. Junto con las aceitunas que daban de aperitivo y el pan, esta jornada fue una explosión de gordura y delicia.

La salsa color caca de abajo es lo más rico que cualquiera se va a encontrar en Marruecos, Amlou, “la Nutella de Marruecos.” Para el desayuno con la Antuancita nos comimos un pan con esto junto con un jugo de dátiles, plátanos y almendras (100000 calorías fácil) y la Antuancita un jugo de naranja y caqui. Después del desayuno no dejé de pensar en el amlou e hice que saliéramos a las 23:00 para encontrar otro lugar dónde nos lo vendieran. Aunque muchos me dijeron que no lo iba a encontrar de noche porque se comía de desayuno, el que la sigue la consigue, y como una campeona, lo conseguí!! El amlou es una mezcla tremendamente calórica (como todo lo que comimos) de aceite de argán, miel y almendras. Junto con el típico pan de marruecos se convierte en un sabor que nunca olvidaré.

Así que en resumen, Marrakech es un lugar que hay que visitar al menos una vez en la vida. Los olores, algunos asquerosos (como el olor a pipi y caca concentrada en algunas calles) otros deliciosos, las personas, la comida, las calles, los autos, las motos, las bicicletas, el desorden, el canto para llamar a rezar, la basura en todas partes, los comerciantes, la oscuridad de los espacios y todo son cosas que no se olvidan.

Warning

  • Los animales no son bien tratados (como muestran algunas fotos)

Más de Marruecos y Marrakech coming soon!

 

 

 

 

Published byColomba Dumay Neder

My name is Colomba and I was born in Santiago, Chile. Although I love Chile for its landscapes and for hosting my roots, I will always have the urge to get away and discover the rest of the world. Accompanied by photography, I will be showing what I see, and creating beauty to my eyes. I will be writing exactly what comes out of my conscience because to me it makes sense, and hopefully it will to you too. I'll try my best to explain what I mean, because if I am sure of what I'm trying to say, I can for sure convey it. This blog will be about my journey (physical and spiritual) through life.