El Plomo

El Plomo

Cúando se murió Jano, el papá de Mae, lo cremaron. Sus hijos cumplieron su deseo, y dejaron la mitad de sus cenizas en Vichuquén, y la otra mitad en El Plomo.

Por eso descubrí el Plomo y lo subí por primera vez hace 10 años atrás con un grupo gigante de unas 15 personas. Hace 10 años partimos en caballos y con mulas para llevar los bolsos. Fuimos con Seba, nuestro vecino hiker, escalador, bacán, que fue el líder de nuestra experiencia y llevó un domo gigante dónde todos nos juntábamos a comer y chillear cuando no estábamos subiendo.  

 

 

 

 

 

La Josefina y yo jugábamos a las cartas en la tierra con Santiago mientras esperábamos a partir en los caballos.

Maea nos había regalado a Josefina y a mí una camarita enana de Bob Esponja, y todas las fotos que sacamos con ella eran de novatas y tenían nuestro dedo en las esquinas. Igual tenían un toque ochentero.

 

 

Tenía 10 años así que supuestamente todo era mucho más alucinante, y la barra quedó altísima para las próximas idas al Plomo. Tenía 10 años y todavía me acuerdo de los detalles, el susto en algunas subidas a caballo que parecían tener precipicios. 

                

La segunda vez fue igual de alucinante, y eso que ya tenía unos 17-8 años. Las vistas del Plomo no se olvidan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las cosas que se aprenden de la montaña tampoco. La primera vez, descubrí que las piedras puestas una encima de la otra por personas se llaman “monolitos” y sirven para distintas cosas, cómo mostrar que alguien estuvo ahí, o mostrar el camino o hasta para marcar dónde alguien hizo caca (si no le ponen un palito). En los tres viajes, nunca dejo de notar los monolitos. La primera vez también descubrí lo importante que es tomar agua, si no la puna es más probable aún. En el segundo viaje aprendí a sacar fotos de las estrellas en la noche, gran logro para mi proceso fotográfico!

           

Las noches de estrellas mágicas acompañadas de nuestro descubrimiento que en el cielo, entre las estrellas, estaba el hijo del heredero de Orión, y muchas risas no se olvidan. 

      

Compartía carpa con Josefina y una noche se despertó toda sonámbula y me trató de convencer que la carpa se había dado vuelta mientras dormíamos.

Pero de la vez que más puedo contar es de la última, que fue hace menos de dos semanas. Maea le puso mucho empeño y lo organizó perfecto. Invitó al grupo preciso. Obvio, estaban los infaltables, los de siempre, pero esta vez también vinieron nuevas personas. La Josefina dijo un día en la fogata que le encantaba ir al Plomo y que le impresionaba que las tres veces que habíamos ido habían sido con distintos grupos, y cada grupo era igual de increíble y entretenido. Steven le respondió algo muy cierto, “no cualquiera sube una montaña.”

Partimos cinco caminantes y atrás nuestro venían los a caballo. A mi me encanta ir caminando envés de a caballo porque así me canso, lo siento más como un desafío, disfruto más de la vista y puedo ir dónde yo quiera. 

 

Supuestamente, el tiempo nos iba a acompañar y nos iba a tocar despejado todos los días, pero a penas llegamos al lugar dónde íbamos a acampar, empezó una tormenta, y muchos creímos que se iba a romper el cielo de lo fuerte que eran los truenos. Primero se veía así:

Y, a penas llegamos al campamento, se volvió todo blanco, lleno de nieve. Todos nos apuramos para armar las carpas rápido y tener dónde refugiarnos. El frío y las ganas de tener un techo para esconderse de la lluvia hizo que todos se apuraran y ayudaran a armar las carpas.

y justo cuando estábamos listos, dejó de nevar, salió el sol, y en menos de 10 minutos toda la nieve se fue, y quedó así:

Fue impresionante, no podía creer lo rápido que podía cambiar el paisaje arriba en la montaña. Abajo en Santiago, deben haber hecho unos 30°, arriba con la tormenta yo diría que unos 5°. Cuando hay sol, está exquisito, y a penas se va hace UN FRÍO, que hay que ponerse hartas capas, tomar cosas calientes y sentarse en la fogata a comer marshmellows.                   

 

Cuando uno va a acampar a la montaña, lo único que tiene es lo que lleva. No solo cosas físicas, como la comida y el equipaje, si no que también el conocimiento y lo que viene en la cabeza. Arriba no hay internet obviamente (LOL), así que todo lo que se habla sale de la cabeza y de lo que cada uno sabe y ha vivido. La música que hay, también es la que cada uno ha guardado, no se pueden buscar nuevas canciones, así que todo es cosa del momento, sin interferencia tecnológica. 

Las cosas cotidianas que uno hace en la ciudad sin pensar, en la montaña son tema. Por ejemplo, ir al baño. No es llegar y meterse al baño con water y confort, si no que hay que ir, buscar un lugar dónde no te vean y dónde nadie haya hecho caca antes (idealmente), y llevarte el confort con que te limpiaste y meterlo en tu basura personal para no dejar cochinadas en el cerro. El Plomo es muy seco así que no hay árboles. El lugar dónde acampamos solo tenía una roca gigante así que todos íbamos detrás de ella al baño. Así que el último día había que tener cuidado para no encontrarse con una sorpresa asquerosa.

Aunque si eres un caballo, no lo tienes que pensar. 

La comida es otro ejemplo. En la cocina, podemos dejar la comida ahí no más, pero en la montaña no, por que se la pueden comer los zorros. El gas con el que uno va es lo único que hay así que hay que cuidarlo para poder cocinar. 

Es rico caminar todo el día y estar cansadísimo en la noche. En especial porque dormir en saco de dormir no es lo más cómodo del mundo, así que es ideal llegar agotado al saco. 

De día cuando no se camina, es rico tirarse al piso a descansar y calentarse con el sol, o simplemente estar ahí.

 

Aunque si eres Agustín y te apunas (por la altura, no de punes), no sé si es tan rico tener que tirarte al piso por obligación. 

Aunque Mae ya había subido el Plomo hartas veces antes de conocernos, nosotros no lo habíamos subido nunca. Es probable que si mi mamá no lo hubiera conocido, nunca hubiéramos subido el Plomo. Gracias a Maea descubrí la magia de la montaña y que era algo que me encantaba. Así que shoutout al Mae!

Gracias a Mae y a su familia también descubrí que la muerte de alguien querido se puede hacer bonita con “ceremonias” como esta. Cuándo me muera también quiero que me cremen y dejen mis cenizas en algún lugar que disfruté mientras vivía, en vez de encerrada en una tumba debajo de la tierra. Me encantaría que me dejaran en un lugar tan especial como el Plomo, para que cada vez que me vayan a ver, sea algo entretenido. Cada vez que subimos el Plomo lo pasamos increíble. En este caso una muerte reunió y reune a distintas personas en cada ocasión y nos da nuevas experiencias.

Todos suben la montaña con distintas ideas o distintos propósitos, pero siempre se comparte y se disfruta. Las vistas del Plomo no se olvidan. Y ojalá vengan muchos viajes al Plomo más.

Published byColomba Dumay Neder

My name is Colomba and I was born in Santiago, Chile. Although I love Chile for its landscapes and for hosting my roots, I will always have the urge to get away and discover the rest of the world. Accompanied by photography, I will be showing what I see, and creating beauty to my eyes. I will be writing exactly what comes out of my conscience because to me it makes sense, and hopefully it will to you too. I'll try my best to explain what I mean, because if I am sure of what I'm trying to say, I can for sure convey it. This blog will be about my journey (physical and spiritual) through life.